Muchos buscan riqueza como si fuera un objeto externo que se puede alcanzar con suficiente esfuerzo, estrategia o suerte. Pero la verdadera riqueza no se persigue: se revela cuando la identidad está alineada. Antes de preguntarte cuánto quieres ganar, pregúntate en quién te estás convirtiendo. Porque ningún resultado financiero puede sostenerse si no existe una estructura interna capaz de administrarlo con conciencia, humildad y dirección. La abundancia no llega para llenar vacíos, llega para expandir a quien ya aprendió a estar completo sin ella.

Cuando el crecimiento interior se vuelve prioridad, el dinero deja de ser una obsesión y se convierte en un recurso. Y cuando el dinero es solo un recurso, deja de gobernar tus decisiones para comenzar a servirlas.

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